La semana pasada, Diego Emmanuel Torres, uno de los pocos acusados por la megacausa Molino Fénix que no está tras las rejas, apeló ante un Tribunal de Impugnación de Villa Mercedes el veredicto por el que fue imputado por una fila de delitos de corrupción y hasta habían solicitado su prisión preventiva. Este lunes los jueces que revisaron la presentación de su defensa dieron a conocer su fallo, y esa nueva resolución fue otro revés para el imputado que se llama como el cantante de «Color esperanza».
El tribunal rechazó el recurso de apelación con la cual el hombre pretendía deslindarse del proceso penal, que también tiene en una posición complicada a la exdiputada alberista Anabela Lucero, su pareja el diputado provincial Joaquín Beltrán y los exfuncionarios Exequiel Scarel y Enzo Lucero.
La decisión de los magistrados Hernán Herrera, María Monserrath Bocca y Marcelo Bustamante Marone fue unánime. En esta nueva resolución, introdujeron un cambio parcial en lo resuelto anteriormente por el juez de Garantías 4, Santiago Ortiz. Determinaron que, en lugar de calificar a Torres como “coautor” de “fraude en perjuicio de la administración pública”, le corresponde la figura de “partícipe necesario”.
Los jueces consideraron que “habiéndose acreditado prima facie que Torres conocía la operatoria y prestó una colaboración de carácter indispensable para la consumación del perjuicio patrimonial a la administración pública, su responsabilidad debe encuadrarse estrictamente bajo la forma de participación necesaria”.
Con este veredicto, al menos en lo que concierne a ese acusado, quedó confirmada la causa por “asociación ilícita”, “administración fraudulenta” y “destrucción de evidencia”, además de “peculado” y “administración fraudulenta”, delitos por los que ya había sido imputado hace seis meses.
El martes pasado cuando la defensora oficial Ximena Bertoli apeló en nombre de Torres aseguró que él solo era un empleado público contratado y que jamás tuvo capacidad de administración. Explicó que en ese rol cumplió diferentes funciones en el Molino Fénix, siempre dentro de una estructura jerárquica, pero que en esa diversidad de tareas no estuvo la de disponer de fondos. Aclaró, además, que ni siquiera tenía una formación profesional y nunca fue funcionario, sino un empleado más que se limitó a seguir las órdenes que le impartían sus superiores.





