Jonathan Gil Rey no ve a su hijo de 7 años desde hace ocho meses. Denuncia que la madre del niño le impide el contacto y que desde 2019 presentó cerca de 12 denuncias por esa situación. El 12 de junio, el expediente pasó a resolución para definir un régimen comunicacional provisorio en el Juzgado de Familia N° 5, a cargo de Natalia María Soledad Lucero. Mientras tanto, una sola idea lo atormenta: "Debe estar preguntándose dónde estoy y por qué no lo voy a ver".
"Todas las mañanas y las noches me acuesto tratando de acordarme de su voz. Nosotros veíamos siempre la película ‘Shazam’ y él me decía que yo era su héroe. Pero, en realidad, él es el mío, le da sentido a mi vida. Yo disfrutaba de estar con él, de sentir su olor. Ahora no hay momento en que no lo extrañe", lamentó Jonathan, con la voz quebrada, durante una entrevista con El Chorrillero.
Él y la madre de su hijo M. se separaron meses antes del nacimiento, a mediados de 2019. Según su relato, hacia fines de ese año comenzó el impedimento de contacto. También recibió la primera denuncia por violencia de género por parte de su expareja.
"Hay muchos hombres que sufren esto de las falsas denuncias. No me interesa entrar en cuestiones de género, yo solamente quiero ver a mi hijo. Quiero que la Justicia tome cartas en el asunto porque vengo sufriendo hace años", aseguró.
Según explicó, realizó alrededor de una docena de denuncias contra su expareja por impedimento de contacto. Como resultado, la abogada de Gil Rey, Maira Iglesias, detalló que existe una causa por violencia iniciada a fines de 2024, en la que la Justicia estableció medidas de restricción entre ambos adultos, aunque ninguna de ellas impedía el vínculo del niño con su padre. Además, dispuso que ambos asistieran a tratamiento psicológico, algo que Jonathan cumple actualmente.
Él asegura que las denuncias son falsas y que su expareja debería responder por esas acusaciones. Además, sostuvo que las situaciones de violencia provenían de ella. Incluso, relató un episodio ocurrido a la salida del Centro Educativo N° 8 "Maestras Lucio Lucero", al que asistía M.
"En la escuela, el año pasado, me lo quitó de las manos y me gritó delante de todos que me iba a mandar a matar. La señorita estaba presente y la regente me hizo ir hasta la comisaría del barrio Tibiletti, donde hice la denuncia", relató.
Según Jonathan, luego de ese episodio el menor fue derivado a un espacio de acompañamiento psicológico en el Hospital del Sur. Sin embargo, el profesional informó que el pequeño dejó de asistir.
Mientras tanto, la continuidad del vínculo entre padre e hijo siempre tuvo un carácter provisorio, con un régimen de comunicación que establecía encuentros los martes y jueves, además de fines de semana por medio.
"Al no estar homologado, funcionaba durante un tiempo. Pero después volvía a dejar de cumplirse y yo tenía que iniciar nuevamente otra denuncia porque otra vez dejaba de verlo. Cada vez que se establecía ese régimen provisorio se citaba a la otra parte. Muchas veces —y eso está en los registros del Poder Judicial— no se presentaba, lo que generaba que todo se demorara aún más", explicó.
La última vez que Jonathan vio a M. fue un martes, hace ocho meses. Fueron a la plaza, jugaron e hicieron la tarea juntos. Desde entonces, según relató, la madre lo cambió de colegio y él actualmente desconoce a qué institución asiste su hijo.
"Lo único que quiero, pido y deseo es poder ver a mi hijo y estar con él. No sé si hoy él se pregunta: ‘¿Dónde está mi papá?’ o ‘¿Por qué no me viene a ver?’. No es sano ni justo para él", concluyó.





