Con este fallo, quedó firme la sentencia dictada en octubre de 2025, que encontró a Silva culpable de homicidio doblemente agravado por el vínculo y por alevosía en dos hechos.
Durante el juicio y la posterior apelación, la defensa sostuvo que la acusada ex policía atravesaba un grave cuadro depresivo derivado de situaciones de violencia de género, dificultades económicas y una profunda afectación psicológica. Solicitando que el caso fuera analizado con perspectiva de género, pidiendo la aplicación de circunstancias de atenuación.
Los magistrados consideraron que las pruebas reunidas demostraron que actuó de manera consciente y planificada. Según el fallo, la mujer eligió el momento en que se encontraba sola con los niños, verificó previamente el funcionamiento de su arma reglamentaria y preparó la escena antes de cometer el crimen. Los jueces también ratificaron la agravante de alevosía al determinar que las víctimas se encontraban completamente indefensas mientras dormían.
El hecho ocurrió el 1 de octubre de 2024 en una vivienda de Juana Koslay. De acuerdo con la investigación, Silva utilizó su pistola reglamentaria para matar a sus hijos y posteriormente dejó mensajes y documentación dando a conocer su decisión





